HE SEGUIDO TUS HUELLAS ( Vía Crucis 1981)

Comentario del libro:

Escribe este libro en el año 1981. Se trata de un Vía Crucis. Escrito en su totalidad en clave de oración e introspección. Todos los versos son Sonetos.

Fue Matilde Camus una mujer de firmes convicciones religiosas; además de “muy rezadora”, como decía ella de sí misma.

Esta fe  marcó profundamente las actitudes en su vida, amante de la verdad y la justicia por encima de ideologías; por ello este fue un libro escrito desde lo más profundo de la Fe y el sentimiento, tras unos Ejercicios Espirituales que vivió la autora.

Se inicia con un excelente Soneto al que llama ORACIÓN PREPARATORIA, que está impreso en una placa en el atrio de la Parroquia de San Pedro de Monte, dónde se casó.

En este Poema,  explica el estado de ánimo y propósito que la llevaron a escribir este libro. Termina con una ORACIÓN FINAL, en el que desnuda su espiritualidad y los sentimientos que dejaron en ella la reflexión por los pasos de la Pasión y muerte de Jesús. Se ha respetado, en la trascripción de los poemas, su costumbre de colocar con mayúscula todo lo que se refiere a Dios o a sus cualidades.

Pregonera de la Semana Santa de Santander en el año 1981, el mismo en que se publicó el libro. En el año 2011, este Vía Crucis se celebro en forma procesional por el centro de la ciudad de Santander..

La portada fue realizada por Víctor Orizaola, pintor y escultor. amigo de la autora, nacido en Santander..

ORACIÓN PREPARATORIA

Traigo, Señor, el pensamiento puro.
Las ideas profundas y directas.
La piedad y la fe como dos rectas
torres. La voluntad del ser maduro.

Mi corazón se afana, Te aseguro,
en alcanzar alturas más dilectas.
¿Infinitud? ¿Amor? luces perfectas
que puedan conducirme en el futuro.
 .
Buscaba la Verdad y Tu agonía
dio respuesta cabal a la porfía
interesada en esas dos preguntas.
 .
Seguiré cultivando la apetencia
de llegar más al fondo de la Esencia
que, sólo Tú, confirmas y conjuntas.

JESÚS CONDENADO A MUERTE

I Estación
Ha levantado el alba. Nace el día
con sentencia de muerte, Nazareno.
Sigues donando Luz, siempre sereno,
mientras el orbe en sombra desvaría.

La turba, con tremenda alevosía,
destroza Tu sayal de hilo moreno
hasta rasgar Tu carne. Desenfreno
que conduce, sin pausa, a la anarquía.

Tanta flaqueza -barro desdichado-
conllevan las raíces del pecado
que el alma, sin defensa, se lesiona.

El vértigo del mundo no sosiega;
pero Tu gran amor, vital entrega
de magnitud divina, nos perdona.

JESÚS CON LA CRUZ A CUESTAS

 II Estación
La confusión se siente potenciada
cuánto más vive el mundo su ceguera
sin que, por Amor eres Hoguera
en continua y perpetua llamarada.

Del Pretorio al Calvario. Demudada
la Faz, en su dolor de blanca cera,
posas la mano fría en la madera
y avanzas sin desmayo la jornada.

Tu dimensión humana es infinita.
En tanto, Tu martirio fundamenta
la tremenda Pasión que nos redime.

Al meditar, Señor, mi sangre grita
con sentido culpable, por la afrenta
que maltrata Tu cuerpo y Le deprime.

 PRIMERA CAÍDA

III Estación
Padece el árbol por las propias hojas
y cae, primera vez, Tu cuerpo en tierra.
Sigue fluyendo Gracia. No se cierra
el manantial florido que deshojas.

El dolor es visible en gotas rojas.
Va tiñendo el espino, que se aferra
a Tu pálida frente como sierra.
Con tanto sufrimiento nos sonrojas.

Cristo mío. Te sigo con premura
por si lograr pudiera, en el Calvario,
alzarme hasta Tu campo sin frontera.

Crece mi fe y mi alma se depura
en la ofrenda divina del Sagrario
donde bebo la Vida verdadera.

EL ENCUENTRO

IV Estación
Como la Luna, yerta y desolada
víctima de la angustia más penosa,
buscas al Hijo amado, silenciosa,
para cruzar con El febril mirada.
 .
Todo se hace ternura ilimitada
al encuentro del Lirio con la Rosa.
Se agranda más la herida. Más sinuosa
es la ruta en el tiempo ya trazada.
 .
La emoción se ha perlado de rocío.
El momento se abrasa en puro Amor
y la Tierra suspira por María;
 .
pero el hombre, sumido en su vacío,
y, aún, llevando en el alma lo mejor,
cultiva indiferencia cada día. .

     EL CIRINEO

   V Estación
El corazón del mundo ha gravitado
con amplio desamor. Tantas fatigas
hacen temer que caigas, que no sigas
hasta el lugar del Monte prefijado.

Solo un hombre comparte tu cuidado.
posible es que le mires y bendigas.
porque Tú, que nos amas, te prodigas
en torrente de Adviento continuado.

Porque soy pecadora, en mi presente,
compartiré la pena que te embarga
para llevar consuelo a tu sufrir.

Si alguna vez, Señor, me ves doliente.
Si sostengo una cruz dura y amarga
¡Ayúdame a llevarla…y a seguir…!

LA VERONICA LIMPIA EL ROSTRO DE JESÚS

 VI Estación
Temblaban de dolor todas las flores
caídas en el suelo polvoriento.
Las hablaste y, el tono de Tu acento,
fue caricia de pálpitos mayores.

tu expresión, inefable de valores,
la fijó una mujer en su ardimiento.
El hecho fervoroso, del momento,
plasmó la magnitud de Tus dolores.

Espléndido en Amor, siempre dotado,
dejaste Tus perfiles en la tela.
¡Oh, maravilla de Tu faz agónica!

El milagro pervive. Fue grabado
en todos los dobleces. Nos revela
la fuerte humanidad de la Verónica

SEGUNDA CAIDA

VII Estación
          Otra vez, mi Señor, has tropezado
honrando el polvo gris que Te rodea.
Dos veces el gentío se recrea
y piensa que Te tiene derrocado.

          Vuelves a levantarte lastimado
por la triste vigilia que Te albea
y, siendo potencial de toda idea,
al propio Amor revierte Tu cuidado.

          Se ha dañado Tu carne en la caída
y, aún, resultando dura la subida,
nos indultas de todas las afrentas.

          De Tu mano, tendida y descarnada,
nace el perdón en cálida oleada
sobre el mundo que fijas y cimentas.

JESUS CONSUELA A LAS MUJERES

VIII Estación
Las mujeres ocultan bajo el manto
Su expresión, dolorida y contristada;
En tanto Tú, Señor, por la calzada
Les diriges palabras sin quebranto.

Lenguaje de pureza. Dulce canto
De inflexión eminentemente clara:
“Por vosotros llorad”. ¡Ay, si no amara
no penaría en estas horas tanto!

Soy mujer y me llena de congoja
tu profunda Pasión. Arde mi pecho
en llamarada. Amor que se agiganta.

Tu dolor en mí queda, en mí se aloja;
pero siguen mis pasos sin provecho
por esta oscura senda que me espanta.

TERCERA CAÍDA

IX Estación
Tercera vez. El brillo del Diamante
sigue puro al caer bajo el madero.
Nace la perfección en el sendero
y florece la Vida a cada instante.

Bañado de Pasión, el Lirio amante
nos señala el camino verdadero.
Le muestra como meta y asidero
del hombre que transita vacilante.

Al padecer tortura se duplica
el sentimiento puro del Amor:
Alfa y Omega en todo su argumento.

el nuevo amanecer nos purifica.
Se enriquece la espiga a Su calor
sin perder su razón de fundamento.

JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

  X Estación
Con qué vileza el hombre Te desnuda.
Con qué maldad desgarra Tus vestidos.
Y cómo, ante Tus ojos afligidos,
el festejo infame se reanuda.

Tu rostro, ya marcado, se demuda.
Tus brazos se desploman abatidos
pues, siendo Rey de todos los nacidos,
no quieres castigar la mano ruda.

El minuto es exacto. El aire calma.
El pensamiento nube de rubores
y la violencia angustia compartida.

Necesito, Señor, salvar el alma
para ser una más entre las flores
de la excelsa Morada prometida.

 JESÚS CLAVADO EN  LA CRUZ

  XI Estación
Postrada ante el madero de tu muerte
mis lágrimas son fuente de amargura
al ver Tu padecer. ¡Cuánta tortura
soportarás hasta quedar inerte!

Toda mi sangre se rebela al verte
clavado por un mundo sin cordura
a quien Tú, Cristo mío, sin censura
vas a darla la Vida con tu muerte.

Con qué dolor contemplo la lanzada
que hace brotar Tu sangre inmaculada
del cáliz florecido en Tu costado.

Yo quisiera besar Tu piel divina
y extraer de Tu frente aquella espina
que te clavó de golpe mi pecado.

JESÚS MUERE EN LA CRUZ

         XII Estación
Al verte, mi Señor, crucificado
mi corazón revive los valores
de la Pasión. ¡Qué duros sinsabores
hubo de resistir Tu cuerpo amado!

Veo las cuatro puntas que han clavado
Tus miembros en la Cruz de los Amores.
Veo que han aumentado los errores
del hombre, prisionero del pecado.

Hoy besé conmovida Tu Madero.
Mi rostro reflejó dolor profundo
y corrieron mis lágrimas sinceras.

Si siento tal pesar ¿por qué no muero?
Si ha muerto Dios para salvar al mundo
¿por qué seguimos siendo como fieras?

JESÚS EN LOS BRAZOS DE SU MADRE

 XIII Estación
Ha vuelto a Tu regazo el Hijo amado,
fríos Sus miembros y Su carne abierta.
Oprimes contra Ti Su boca yerta
y se quiebra Tu pecho lacerado.

Tan hondo es el tormento soportado
que, concentrada en él, pareces muerta
de tanta soledad como se injerta
sobre Tu corazón acongojado.

Seca, María, lágrimas tan puras.
Virgen de los Dolores ¡No más llanto!
¡Llore mi triste ser que fue culpable!

¡Lloren la tierra, el mar y las alturas,
al ver muerto a Jesús, sobre Tu manto,
victima de su Amor inmensurable!

JESÚS EN EL SEPULCRO

 XIV Estación
José de Arimatea Te desciende.
Como a tallo cortado Te coloca.
De los negros cabellos Te destoca
y tu cuerpo con bálsamos defiende.

Derramada Tu sangre ya no prende
la llama del saber. Hasta Tu boca
es nardo endurecido. Es como roca
el cerebro parado que no entiende.

Y después, mi Señor, que fría losa
sobre Tu carne rígida se posa
el desamparo se hace omnipresente.

Nos sentimos sin Ti tan despoblados,
tan duramente solos, tan menguados,
que vagamos sin Norte en el presente.

CANTO DE RESURRECCIÓN

   XV Estación
Ayer hubo tiniebla. Hoy alborada
que crece en rutilante Mediodía
y proyecta raudales de alegría
sobre la Tierra que quedó doblada.
 .
Se ha llenado el vacío. Llamarada
de profunda emoción, de sintonía,
porque el halo grandioso de este día
nos envuelve con Gloria inusitada.
 .
A Tu muerte quedó la vida oscura.
Con Tu resurrección hay Luz futura
que reporta consuelo a nuestra mente.
 .
Quiero besar, Amado, Tu sandalia.
Vivir con sencillez, como esa dalia
que medra en Tu jardín humildemente.

ORACIÓN FINAL

He seguido Tus huellas a mi paso,
desangrados los pies en el camino.
He sentido en mi carne el desatino
que Te llevó a la hondura del ocaso.

Mi espíritu persigue con retraso
la Gloria prometida. La adivino
y por ganarla abrazaré el espino,
pálpito del amor en que me abraso.

Si padecí tristeza en el sendero,
hoy Tu gran corazón, puro y entero,
ha colmado mi vida de infinito.

Si tropiezo, vencida por la duda,
¡levántame con fuerza, dame ayuda,
y calma el desaliento de mi grito!.