RONDA DE AZULES

 

Comentario del libro:

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Libro editado por el Ateneo Científico Literario y Artístico de Alicante.

Todos los poemas son un canto a esta hermosa tierra de Levante, donde Matilde y su esposo conocieron la entrañable amistad y el compartir de inquietudes humanas y literarias, amigos como Vicente Ramos, Manuel Molina, Rafael Azuar, donde conoció a Josefina Manresa la esposa de Miguel Hernández.

Alicante fue para Matilde un referente durante toda su vida.

Prólogo de su gran amigo Vicente Ramos, se inicia el libro con una Autopresentación poética.

 .

MIRADOR DE GUADALEST

Solemnidad… El agua remansada

bajo tranquilo sol de abriles manos.

Desde este anfiteatro, los humanos

te damos pleitesía en voz callada.

 .

Mirador… Bello enfoque de colores;

a tu espalda los altos pliegues cónicos

de las cimas, perfiles anatómicos

y exaltación pagana en los alcores.

 .

Guadalest, Guadalest. Rocas adjuntas

en eterna plegaria por los muertos…

conmueven mis sentires, nunca yertos,

y graban tus aristas y tus puntas.

 .

ISLA DE TABARCA

La mar abraza con alma

ese reposo absoluto,

ante el amor impoluto

de un olivo y una palma.

Eres pura y primitiva

en tu soledad altiva,

en tu misteriosa cueva…

Y un castillo desdentado

de torreón recortado,

te da vigor y te ceba.

 .

HOMENAJE A MIGUEL HERNÁNDEZ

Frescas yedras, Miguel, yedras del Norte

en este aniversario dolido.

 .

Humildes hojas verdes yo te ofrezco

que, al derrumbarse en tus cansados brazos,

lo harán con humedades de oración.

 .

Yedras campestres en sencilla entrega,

con recuerdo emotivo y fervoroso

de mi lenguaje cántabro en tu mármol.

 .

Húmeda ofrenda a tu sangrante pecho,

a tu sana nobleza de hortelano

lleno de polvo, de semilla y pena.

 .

Frescas yedras, Miguel, yedras del Norte:

de los montes que forman mi paisaje

con oloroso aliento a tierra y prado,

con caricias de bruma y de cellisca,

con rumores bravíos de mi mar.

 .

Yedras norteñas. Llanto es su rocío

porque ya no te encuentran,

sólo escuchan el eco de tu voz.

 .

ELEGÍA A MANUEL MOLINA

Te debía este adiós Manuel, hermano,

y aquí, desde “la Vila” luminosa

que idealizaste con sentida glosa,

se conmueve el latido de mi mano

para sumarse, en homenaje humano

de profunda emoción: fuerza amistosa

íntima y sin consuelo, voz llorosa

sobre tu corazón fiel de oriolano.

 .

Llegarán hasta ti versos fraternos

que, con dolor de cánticos eternos,

envolverán tu cuerpo evanescente.

 .

Estarás con Miguel, allá en la Altura,

abierto a la Verdad y a la Hermosura

del Amor… infinito y permanente.

 .

PUIG CAMPAÑA

Puig campana, mamut en roca viva

con quietud de milenios;

siempre grandiosa y virgen,

sensiblemente amada bajo nieves

o brumas recostadas

en sus ondulaciones y perfiles.

El aire se recrea entre sus grietas

profundas, donde duerme la nostalgia

de otros tiempos con duelo estremecido

sin principio ni fin.

 .

Va cayendo sobre ella el fresco aliento

del salitre y del yodo

del mar que la contempla embelesado;

que perfuma su lomo penitente

en actitud de alzarse,

desde el pulso reseco de la tierra

hacia el amante abismo del misterio.

 .

Pudo ser la Hermosura

quien esculpió su piedra envejecida,

sin prisa y sin olvido;

hasta el roce armonioso de las nubes

y el viento arrasador la dejan huellas

y perfilan su curva majestuosa.

 .

 DESDE LA AUSENCIA

¡Oh, tierra de Alicante!

Ronda de azules mágicos sin duelo,

abanico de luz casta y radiante

ungida por el mar,

oro y cristales nítidos

has dejado en mi espíritu, entregado

a la dulce caricia de tus aguas,

al atractivo intenso -gracia infusa-

que acelerando el pulso de mi sangre

me ha llevado a admirar todo tu encanto

ondulante y divino.

 .

Te percibo en mi piel, anticipada

a las últimas curvas que me acercan

al calor de tu nido

y a esa fuerza que emanas, que no cesa,

que me deslumbra casta y oferente

mientras contemplo el mar en tu regazo,

escuchando murmullo de palmeras

y oleaje tranquilo.

 .

Aún sin verte, cercana a tus orillas,

olfateo tu brisa marinera,

donación especial en la distancia

y tierra adentro,

entre ritual de sedas y turquesas

sustanciales y puras

compañeras cada año de mi vida

en repetido aliento.

 .

Clamando está mi espíritu por verte.

-mirífico tesoro-,

nuevamente tranquilo y conjugado,

venturosa de azules y de soles.

Y clamando mi ser, desde la ausencia,

con líricos ensueños

hasta volver a amarte sin distancia.